domingo, 17 de mayo de 2015

Arturo Gerardo Guastavino: bruma y fantasmas

De repente aparece el nombre de un desconocido, y a poco de nombrado comienza a construirse el puente de la memoria. Los hilos sutiles que hacen a esa memoria flotan a lo largo de los días, hasta que algo misterioso descorcha el paisaje y entonces los hilos se tensan para que el puente traiga y lleve historias.
Arturo Gerardo Guastavino
Así me ocurrió con el nombre del artista plástico Arturo Gerardo Guastavino. Fue mi padre, el plástico Rolando Lois, quien lo trajo a escena: “Conocí a Guastavino cuando yo formaba parte de SAPI: Sociedad de Artistas Plásticos Independientes de 3 de Febrero, que se fundó allá por el 73, 74, yo era tesorero. Cuando hacíamos una muestra colectiva íbamos a su casa a buscar una obra, después se la llevábamos. Él no iba a las exposiciones. Yo fui dos o tres veces a buscar el cuadro. Conversamos mucho de pintura, pintores, y de SAPI. La última vez que fui, cuando tomé el boceto para el cuadro que hice de su casa, él andaba medio mal. Era alto y flaco. Me dijo: ‘Querés ver algo mío, revisá, porque ya no hago nada’. No sé si el ‘no hago nada’ era por la síntesis que hacía, o porque ya no pintaba. Opino que se refería a la síntesis: me quedó grabado en la memoria un desnudo, eran tres curvas y un punto, que era el ojo, era extraordinario, veías una mujer desnuda. Guastavino era un hombre que sabía mucho, muy inteligente. Era muy reservado, y hablaba lo necesario. Era figurativo, pero practicaba la abstracción. No llegó a la fama de un Soldi, un Castagnino, pero está considerado como un muy buen pintor. Ocurre que era callado, no andaba haciendo mucha alharaca”.
En el partido bonaerense de 3 de Febrero, Martín Coronado, donde viven mis padres, es una localidad vecina a la de Lomas del Palomar, allí se encuentra Ciudad Jardín; en la calle Aviador Picasso 760, vivió Guastavino. Mi padre pintó la casa en un cuadro.
La casa de Guastavino por Rolando Lois.
En la web encontré una página sobre la vida y obra del pintor. La responsable del sitio es Diana Guastavino, sobrina de Arturo. Me dice Diana que la idea para este espacio es que la voz de quien cuenta fuera la del propio pintor. A finales de los ’60 Guastavino se presentaba de esta manera: “Nací el 14 de octubre de 1897 en Gualeguaychú. Fui autodidacta. Obtuve el título de Profesor de dibujo por exámenes libres rendidos en 1939 en la Escuela Nacional de Artes Decorativas Prilidiano Pueyrredón, Buenos Aires. He concurrido al Salón Nacional de Bellas Artes como escultor, desde 1927 a 1931; y como pintor desde éste último año, con algunas interrupciones hasta 1951. Luego, a excepción hecha en 1958 (Salón Nacional) y 1957 (Salón de Santa Fe), no he concurrido más a ningún Salón colectivo, ya sea nacional o provincial. Agrego que anteriormente y por varios años he concurrido a salones del interior: Santa Fe, La Plata, Rosario, Tandil, Pergamino, Córdoba, Mar del Plata, Paraná, Bahía Blanca, etc. He figurado con obras en innumerables muestras colectivas realizadas en Capital Federal, en el interior y en el exterior del país, auspiciadas por entidades plásticas y organismos oficiales, a saber: Sociedad Argentina de Artistas Plásticos, Asociación Estímulo de Bellas Artes, Club de Amigos del Libro, Comisiones Oficiales Organizadoras de muestras en el exterior: para los EE.UU de Norteamérica, París, países latinoamericanos como Brasil, Chile, Perú, etc. En 1939, en la exposición internacional realizada en Nueva York  y en la realizada ese mismo año en el Fine Arts Museum of Richmond (Virginia) fue seleccionado mi cuadro Paisajes de Buenos Aires por la Federación de Artistas Americanos, para figurar en la Exposición de Artistas Argentinos en gira durante dos años, a través de las capitales de los principales Estados Norteamericanos”.
1916. Primera exposición en Gualeguaychú.
Queda claro, Arturo Gerardo hizo camino desde que dejó su Gualeguaychú natal: “He figurado así mismo en las muestras: 50 Años de Arte Argentino y 150 Años de Arte Argentino, ambas realizadas en el Museo Nacional de Bellas Artes en los años 1951 y 1961 respectivamente. Participé también en la II Bienal Hispanoamericana de Arte realizada en La Habana (Cuba) habiendo sido seleccionada mi obra Fiesta para formar parte de un conjunto de 90 obras que recorrieron las capitales de diversos países de América Latina”.
1938.Paisaje de plaza Lavalle.
Guastavino realizó exposiciones individuales en: Mercado de Arte (1965) auspiciado por la Dirección de Cultura de la Municipalidad de la Capital Federal, llevadas a cabo en los tranvías instalados en los jardines de la Recoleta; Galería Javier (1968); Galería Austral, La Plata, (1968); Galería Solla, Mar del Plata, (1968).
1941. Bruma en plaza Lavalle.
Recibió muchos premios en salones, entre ellos: 1931, Salón Nacional de Bellas Artes, premio Estímulo; 1934, Salón Nacional de Bellas Artes, premio Estímulo; 1939, Salón Nacional de Bellas Artes, tercer premio Comisión Nacional de Cultura; 1939, Salón Municipal Manuel Belgrano, Pergamino, tercer premio adquisición; 1941, Salón Nacional de Bellas Artes, tercer premio Nacional. Algunas instituciones que guardan su obra: Instituto Osvaldo Magnasco, Gualeguaychú; Museo Municipal de Bellas Artes de la Pergamino Manuel Belgrano, Buenos Aires; Museo Municipal de Bellas Artes Genaro Pérez, Córdoba; Museo de Bellas Artes Eduardo Sívori, Capital Federal; Museo Provincial de Bellas Artes Rosa Galisteo de Rodríguez, Santa Fe; Museo  Provincial de Bellas Artes de  La Plata, Buenos Aires; Museo de Bellas Artes Pedro de Mendoza de La Boca, Buenos Aires; Museo Nacional de Bellas Artes, Capital Federal.
1950. Bruma urbana.
Coincidiendo con la observación de mi padre, Guastavino era hombre de pensamiento a la mano, son prueba de ello estas observaciones: “Un cuadro es una realidad excepcional separada, por su propia condición plástica, del ámbito real que la rodea. Procede de ese entorno circundante y animador que ha sido su razón y su pretexto”. / “Es en la certidumbre plástica de la emoción creadora del artista, su trasunto ideal, la  trasposición poética de esa realidad en función reveladora de mensaje del hombre para el hombre”. / “Revelar lo que está contenido y secreto en la naturaleza y en la hondura de nuestro ser es la razón y destino del arte cualquiera sea su medio expresivo”. / “Pintar un retrato es una cosa dramática, algo así como un duelo a muerte entre el pintor y el modelo; dos conciencias que se enfrentan para decirse cosas”. / “Pintar un paisaje es un acto total y recíproco entre el pintor y la naturaleza; sin reservas y sin restricciones”. / “El paisaje tiene un alma inocente que se hace más esquiva cuando más se la quiere penetrar”. / “Por la magia del color acaso sea la pintura donde el artista se da más en su auténtica intimidad”. / “He vivido en lucha entre dos pasiones, la pintura y el verso. Creo que pude haber hecho cuentos fantásticos que aún  elaboro mentalmente noche a noche, pero la pintura me  ha ganado...”.
1977. Flores.
Diana Guastavino y José Cettour son los directores de Miradas (2010), un documental sobre el pintor. Mi padre me facilitó la copia. En el film hay lugar para la pintura, también para la poesía del pintor ((…) Pero ahora sí. Es el milagro. / Pienso en la nube / y el humo reencontrados, míos. / Veo la onda de agua, clara, simple / y vuelvo a nombrar a mamá con la voz / que había extraviado en el tiempo, / en que volvemos del hallazgo del país / en donde nace el sueño.), y para la palabra de su discípulo Egon Paul Hoffmann (1932-2012) (Siempre le gustó lo neblinoso, lo evanescente, las brumas que pintó de Buenos Aires, plaza Lavalle, la avenida Callao, (…) decía que los pintores vivíamos en un mundo fantasmal, su idea de la pintura era hacer visible lo invisible, uno debe ser el primer sorprendido, porque uno no es responsable de todo, yo comparto eso, es como si a uno lo guiaran, su propio duende, él creía en eso, tanto que pintaba duendes y criaturas fantásticas como son los ángeles… su taller estaba poblado de fantasmas, como decía él… lo veía pintar, a veces de noche, y hablar solo… su vida era la poesía, y la pintura se incorporaba a la poesía.), y la del crítico de arte Jorge Taverna Irigoyen (1934) (Se introdujo en un tipo de pintura sensorial, intimista, en la cual fue desdibujando los contornos, los planos se convirtieron en atmósferas, y Arturo Gerardo Guastavino fue ubicándose en el plano de los nuevos valores del arte argentino. (…) Vivió una época llamada la bohemia creadora, había una cierta hermandad, comunicación en los artistas, de diálogos sinceros, casi diría fraternos (…).). Uno de esos grupos de artistas fue La Orden de la Llave Mohosa; su esencia: La llave mohosa abre las puertas del bien, cierra el camino del mal, su base: la amistad, su fundamento: la unión. Tiempos muy distintos a los aires egoístas del presente.
1942. Figura (María Prieto, su esposa).
Guastavino falleció en 1978, y así pudo, al fin, terminar de habitar el mundo de los fantasmas. Veinte años antes había muerto María Prieto, su mujer. Asombra ver su rostro en cantidad de retratos de mujeres, muchos de ellos son variaciones, distintas sintonías de la cara de María. Podría llamarlo el pintor de la bruma, de la niebla, el pintor que habitaba la línea en que lo figurativo se abre a la abstracción, en sus obras se mantienen los valores de estas dos veredas en apariencia opuestas, sin embargo, en Guastavino se juntan tanto como se separan, van y vienen, viven para unirse en la creación del mundo fantasmal. En Guastavino todo tiende a afantasmarse, como si esta condición fuera el logro mismo del arte y de la vida.

En 1927 dejó el río, sus caricaturas, los primeros pasos en el arte, y fundó río propio en Buenos Aires.
1963. Figura.

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