domingo, 22 de noviembre de 2015

Violeta, Thames y Francisca

La búsqueda de la huella de vida del fotógrafo de Gualeguay: Juan Kayayán, me llevó hasta el título de un libro. Se ofrecía a la venta en “mercadolibre”. Su título: “En la cruz de las horas”, su autora: Violeta Arrighi. Un poemario publicado en julio de 1961. En la ficha mínima del objeto a vender se consignaba el siguiente dato: fotos de Mirdjan (Juan) Kayayán.
Encontré el libro en la biblioteca Carlos Mastronardi. Me atendió Mariana. Me dijo que había otro libro con fotos de Kayayán, pero firmado por Thames. No tenía ese dato. El segundo libro es “Rostros y almas”, publicado en marzo de 1961, es decir meses antes que el anterior, por Thames, que es seudónimo de Violeta Arrighi, pensé, hasta que supe que en verdad, Thames y Violeta, respondían a otro nombre, al fin, verdadero: Francisca Arrighi de Garibotti. Pero también en la biblioteca pude ver el libro “Glosas” (1967) donde se consigna como autor a Francisca Arrighi de Garibotti, y bajo el nombre, uno de los seudónimos: Thames. En 1960 firma como Thames el libro “Meditaciones”. En 1938 Violeta Arrighi publicó su primera obra: “Mediatarde”, con prólogo de César Tiempo. En 1964 publicó “La odisea de la prensa libre (1945-1955)” que firmó con su nombre verdadero. También publicó “Las coplas que el pueblo canta”, pero no tengo más dato que el título. Es decir, la dama tuvo, tiene, diferentes maneras de presentarse. Me pregunto por la motivación para tanto juego de autoría. Acabo de leer los libros publicados en 1961, y no me da la sensación de que en Francisca viviera una escisión heterónima al estilo de Fernando Pessoa, el poeta de Portugal, que cargó con varias almas, y todas ellas de personas muy distintas.
Fotos de Kayayán para "En la cruz de las horas".
Diría que en Francisca Arrighi habitaba, ante todo, una pulsión moral y ética que la llevaba a una mirada atenta sobre el mundo y sus criaturas. Sin importar la forma de su escritura, puede ser a través del poema, puede ser anotando pensamientos, meditaciones, ella se preocupó por marcar los sitios que el ser humano transita cuando procede bien y cuando procede mal. Muestra Francisca una fuerte inclinación religiosa, está Jesús, Dios, tanto en sus poemas emotivos, declamatorios, y en la apretada síntesis de un pensamiento. Pero claro, humana la dama, en saludables contradicciones refleja su miedo, su incertidumbre, el amor perdido, llega incluso a jugar con la idea del suicidio. La autora mira su lugar en el mundo, y es por eso, creo, que buscó la presencia de las fotos de Kayayán, que principalmente se ocupan del río y los árboles. Llama la atención una foto en la que aparecen tres figuras humanas paradas en la orilla, las tres inclinan sus cabezas a modo de saludo o reverencia al río.
De “Rostros y almas” (1961) de Thames: “Plegaria para los que viven…”: “No recemos por los muertos, porque ellos ya no necesitan de nosotros. / Recemos sí por los que siguen viviendo, y están muertos para sus semejantes. / Recemos para que vean los ojos que no ven. / Oigan los oídos que no oyen, y amen los corazones que nunca se abrieron para el amor. / Los que tiemblan al escuchar el murmullo de las hojas de los cipreses en los cementerios y pasan sin conmoverse ante los muros de un hospital. / Recemos por los que comen sin pudor alguno junto a los hambrientos que miran. / Por los que condenan a inocentes. / Por aquellos que se burlan de la mujer que se hizo madre sin tener al hombre responsable de su desdicha. / Por los que vuelven la espalda al que ven sucio por fuera, y que por dentro es más limpio que ellos. / Por aquellos que condenan sin recordar que equivocarse es condición humana. / Por los que aman las mariposas para matarlas. / Recemos por los que encierran a los pájaros porque envidian su facultad de vuelo. / Por los que sin tener oro para llenar sus bolsas, las llenan de odio. / Por los que arrancan las flores de una planta y las deshojan al azar. / Por los mordidos de envidia, que no pueden alegrarse del triunfo de los demás. / Por ellos, que no pueden comprender que todos somos uno, y uno somos todos”.
Fotos de Kayayán para "Rostros y almas".
En “Semblanzas pueblerinas” trata de una constante de su tierra gualeya: “Gualeguay, ciudad de casas bajas que parecen hilvanadas sobre la acera en abrumadora línea de continuidad. Ciudad de jardines es la nuestra. Aún en los patios más humildes, se ven florecer las glicinas en las soleadas galerías y el jazmín del país se sube a las enrejadas ventanas aromando en las noches las entrevistas amorosas. Las tardes se alargan en los clásicos paseos donde la juventud rinde culto al amor. Entrada la noche, la vida se concentra en el santuario del hogar salvo los escasos noctámbulos de café… La vida es tranquila en nuestra ciudad, tan tranquila como puede serlo en un pueblo todavía turbado por ancestrales prejuicios y donde el retazo de noticia tiene muchos cultores”.
En “En la cruz de las horas” (julio 1961) Violeta Arrighi apuesta a la poesía: “Vida”: “Es nuestra vida oscilación perpetua / Del placer a la pena, / Náufragos en un mar, naves fantasmas / Hasta la hora que la muerte llega. / Nos llevan y nos traen las turbias aguas / A merced de terribles fuerzas ciegas…”.
El poema “Como el río” la vuelve a un Gualeguay íntimo: “Junto al río divago… en horas de hastío; / Hay en mi alma, y mis sueños, rumores de río. // En su lecho de arenas el río, rumoroso se duerme tranquilo / Yo insomne, en la cruz de las horas, me agito y suspiro, / Y se enturbian mis sueños, crispados de anhelos… / Como enturbian las aguas del río, los vientos del cielo. // Son del río los hondos remansos, espejos de calma / Donde suelen mirarse las nubes en claras mañanas; / Son mi espejo… remanso profundo; tus negras pupilas / Donde se han abismado mis ansias de amor y alegría. // Rumorosa se alarga la cinta plateada del río… / Serpenteando a través del follaje sombrío… / Así alargan mis noches eternas las horas del tedio; / Porque sé que los males del alma, no tienen remedio… // Como el río, que baña a su paso fértiles praderas / Temblorosa, se enciende en mi pecho la nueva quimera!”.
En “Inmigrantes” luego de marcar el dolor sufrido por aquellos que tuvieron que dejar la tierra propia, escribe: “(…) Yo también como aquellos / Huyendo de mi hondo desconsuelo / He dejado el amparo de mi cielo / Llevando a cuestas mi melancolía… / Buscando con afán otro horizonte / Para olvidarme de la pena mía. / Pero, aquí como allá, sonoro bronce / De lúgubre tañido / En vez de silenciarse en el olvido / Repica la campana del recuerdo, / Y ardientes brasas las cenizas cubren / Que el menor soplo ha convertido en fuego. // Fuego que en llanto mis pupilas quema, / Fuego invisible que en mis venas arde / Y ante el cual pienso alguna vez…, cobarde, / Que aún me queda un recurso terminante / Que mi problema espiritual resuelve: / Un último pasaje de emigrante / Para esa tierra donde no se vuelve…”.
Francisca Arrighi de Garibotti
En los dos libros citados encontré pistas sobre la vida de la autora. En la solapa de “Rostros y almas” se informa: “El pseudónimo Thames corresponde a una fina sensibilidad entrerriana: Francisca Arrighi de Garibotti, directora del diario ‘Pregón’, uno de los más valientes y meritorios órganos de prensa del país, cuya acción cultural y democrática ha sido señalada como ejemplo de conducta cívica”.
En la solapa de “En la cruz de las horas” leo: “Violeta Arrighi, nacida en Gualeguay (Entre Ríos) cursó estudios secundarios en la Escuela ‘Ernesto A. Bavio’. Colabora activamente en diarios y revistas de esa provincia, y en otros de Buenos Aires y Montevideo, cuidad esta última donde reside en la actualidad, ejerciendo la docencia en el Colegio ‘José Pedro Varela’”.
De “En la cruz de las horas” tomo el poema “Lo indestructible”: “Cuando me vaya, no me iré del todo / Porque en la tierra y al azar dispersos / Brotará la armonía de mis versos / Redimiendo mi nombre del olvido. // Cuando mi cuerpo se transforme en lodo, / Quedará mi canción, yo me habré ido; / Pero mi acento no se irá del todo. // Porque en redor, melódica, inasible, / Quedará de mi espíritu, contigo, / La esencia misteriosa, indestructible!...”.
De alguna manera Violeta, Thames y Francisca, las tres en soledad, regresan a su ciudad en busca de memorias que, me digo, algunas están a la vista, y otras, aguardan en la sombra. Imagino que César Tiempo escribió el prólogo de “Mediatarde” porque el librero Ernesto Hartkopf fue el nexo entre la joven dama y el poeta destacado en el quehacer de Buenos Aires. Imagino que fueron muy amigos Francisca y Juancito Kayayán, por eso unieron sus oficios de arte. Cuántas historias para conocer habrá en la vida de Francisca.

Ahora que está de regreso, será cuestión de pasar de las imaginaciones a las preguntas. Es maravilloso el trabajo alrededor de la memoria de las personas. No hace falta más que mirar un poco en alguno de los rastros dejados, y sus buenos fantasmas se las arreglan para continuar el diálogo. Hablaba ayer con Zélika Alarcón cuando Francisca dijo permiso y se sumó al diálogo, pero esta es otra historia.

1 comentario:

  1. Muy linda reseña. Le señalaría que Violeta Arrigui no es Francisca, sino que es el seudónimo de María Luisa Garibotti Arrigui de Clulow, hija de Francisca. En el momento de la última separación de Violeta con sus seres apasionadamente amados, se pudo claramente escuchar una voz, como si fuera por un instante su propia voz, leer en el silencio reverente su magnífico Lo Indestructible, para estamparse en la memoria de los presentes su exaltada, trascendente y sublime escencia.

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